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Vino de "Messi"


Como otros VIP, ya sea del mundo del espectáculo o del deporte,  Leo Messi eligió el camino del vino para sus actividades extra-profesionales. Pero, como los hijos de los célebres, nunca están a la altura de sus padres. Esto es lo que le pasa al Leo, un monovarietal de Malbec. Además, su precio es un tanto elevado por poco juego que da.

En realidad, no es un mal vino, pero se espera mucho de Leo, siempre. Para mi gusto, es un tinto para quesos, que tan difíciles son de regatear. Y no se crean que el queso nació para estropear los vinos, sino para salvarlos en el último minuto. Sin embargo, este no es el caso, Leo aguanta bien sus patadas, incluso hace buenos regates. ¿Y lo del precio? Se paga, que es para una fundación infantil.

Una cosa imperdonable es que la etiqueta sea una camiseta ¡BLANCA! Una mala pasada o un despiste imperdonable, ¡le hubieran puesto la albiceleste al menos! Yo como soy barcelonista, se la pinté azulgrana no sea que se me agrie el vino en boca.

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Un vino por los aires


... o un vino de altos vuelos sin la galantería de la enología casposa. He aquí un vino sin marqueses, sin escudos de armas ni coupages recalcitrantes. Tenemos un tinto hecho por artistas de la fantasía, con iconografía circense a base de garnachas.

El "hombre bala" nos demuestra que el vino se puede reinventar, reconstituir, rejuvenecer. No diré que partiendo de cero, pues se elabora con cepas viejas, pero sí, tomando altura y viendo las cosas desde otra perspectiva. Todavía queda margen para la creatividad en este mundo del vino y esto lo han aprovechado tres enólogos que se hacen llamar Comando G (nunca me perdía un capítulo en mi infancia) y Quim Vila de la Viniteca para lanzar esta marca.

Y en cuanto al vino, ¿qué? Bueno, muy bueno, tal vez algo subido de precio, pero eso precisamente no te hace bajar de la nube. Garnachas como garnachas: frutos rojos maduritos, pero además, aromas de flores y piedras con rocío, huele a monte, frescor, mucho frescor. Entra también como una bala, rápido sin darte cuenta, y cuando te das cuenta con los amigos, el casquillo está vacío.

Cénalo con amigos, pasta, gnocchi con pesto siciliano, una tortilla o Quiche de verduras. Y seguid después con cine o música para acabar el número.

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Asteroide D-12


Este vino con nombre de asteroide es uno de los más equilibrados que he catado. El Lan D-12 es un tinto que tiene una nariz muy proporcionada (de la fruta a la pasa), pero lo mejor es su paso por boca, allí es donde sus cualidades son extremadamente ponderadas. El D-12 te deja la boca tal como la encontró, sin retorcerte de acidez, ni seca ni abrasada. Tras una entrada potente, se marcha dejándote con un postgusto armónico, consonante, sensato. Para mí, este sería el asteroide que le hubiera gustado encontrar al Principito tras su peregrinación por los asteroides habitados por desequilibrados, incluido el del borracho que bebía por vergüenza de ser un borracho. Precisamente, podríamos comparar el D-12 con esta misma obra de Saint-Exupéry, un libro (vino) tan agradable y accesible que pareciera infantil aunque, en realidad, su destinatario sea un adulto sin prejuicios que no ha perdido la ilusión y curiosidad por la vida.

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Tern, un almuerzo en el campo



Mucha tinta se gasta hablando de qué vino tomar con este o ese plato, sin embargo, poco se habla de qué vino elegir dependiendo de la hora del día o incluso el lugar de consumo. Precisamente, pensaba yo qué vino me llevaría a un picnic, a un almuerzo en el campo, al estilo Manet.

En el campo, hay algunas características del vino que se pierden como ciertos aromas, y, otras propiedades se mezclan en el contexto particular como puede ser el aspecto visual.  Yo pienso que para estas salidas, el vino debería ser algo alcohólico (13 - 15 grados) para que dé más alegría al grupo, también debería ser muy vistoso y con agradable sabor, no demasiado ácido. Entre la multitud de posibilidades en la bodega encontramos el Tern, un vino tinto con un talante brillante y pigmentado, con aroma de finas hiervas, coca de vainilla y frutos como la grosella, pera y la fresa, y, en boca te da mucha suavidad y un repunte de dulce.

A parte del vino, lo que también les recomiendo para el campo es que después del almuerzo reserven un rato para hacer una buena siesta.

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swiss made


Gloria y Ruedi, unos amigos de Suiza, nos visitaron este verano tan caluroso. Como en este país no es fácil encontrar tintos de las montañas mágicas, les pedí el favor de traerme algo que me pudiera despertar nuevas sensaciones enológicas, y así fue como llego un merlot suizo a la costa mediterránea.

Para nosotros, los meridionales, que estamos acostumbrados a la opacidad y la los olores compotados, el primer contacto con los tintos transalpinos es como pasarse a la leche desnatada, clara, casi sin aromas ni sabor. Sin embargo, la realidad no es del todo así.

Cuando ya nos hemos acostumbrado a la sutileza de los acordes de esta obra tocada piano, es como si entráramos en una pradera: hierba, flores salvajes, gramíneas, plantas aromáticas, algunas setas. Quizás sea pura sugestión geográfica pero estos vinos son naturaleza viva. Incluso, se me pasó por la cabeza que me olía a appenzeler, pero resultó que el olor a queso volaba desde la mesa. Lástima, eso sí que hubiera sido un hallazgo aromático excepcional.

No tengo palabras...


Me encontraba en un restaurante. Éramos dos, en una cena romántica de pescado y verduras con distintos aderezos y salsas. La carta de vinos era amplia e inteligente. La sugerencia del voluntarioso sumiller clara: un cava. Pero no. Había un vino que me pedía su compañía con “Més que paraules” ("Más que palabras" en catalán).

Este blanco, un vino de la zona del Pla del Bages, ha sido creado a base de un coupage de Sauvignon, Chardonay adaptadas a Catalunya y la local Picapoll. Ofrece una gama de olores y sabores sorprendentemente amplia, de lo fresco a lo graso, y es una opción fantástica no sólo cuando necesitamos versatilidad, sino que, además, el vino nos regala una polisemia de cualidades como si fueran niveles introspectivos de carácter en cada una de las situaciones gastronómicas en las que nos encontramos: berenjena asada y queso fresco, arroz de camarones, atún crudo y aguacate, entre otras maravillas culinarias.

Pensaba yo: este vino sería delicioso para leer poesía contemporánea, sin embargo, no duró hasta el final de la cena. Agotamos la única botella que teníamos antes del postre. Otra vez será que lo maride con negro sobre blanco.

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Nunca bebemos dos vinos iguales


Tal y como decía Heráclito, nunca entramos dos veces en el mismo río. En efecto, las mismas variedades de uva parecen distintas según la zona donde se vinifican. Precisamente, uno de los lugares más interesantes para catar un syrah es Alella, esa pequeña pero matona DO a tiro de piedra de Barcelona.

Por ejemplo, esta uva tinta es la que podemos encontrar en el Parvus. Un vino de crianza en el que la syrah no te avasalla con sus aromas balsámicos, sino que todavía conserva el frescor de la fruta y de hiervas aromáticas.

Si se deciden por el Parvus, éste funciona mejor ligeramente enfriado, y lo puden maridar con embutidos, ensaladas de pasta o con una tortilla española. Pero también, para pasar una tarde leyendo o escuchando música.

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El Sangre de Toro


Podríamos decir que el Sangre de Toro es patrimonio nacional por su trayectoria vinícola y comercial. Sin ser uno de esos vinos abrumadores, este producto popular de la bodega Torres se ha ganado la fama y el afecto del consumidor de generación en generación, como si de un cuento o canción folklórica se tratase.

El Sangre de Toro tiene su origen en la década de los 50 en el Penedés. Lógicamente ha ido mutando de etiqueta, composición y denominación pero en esencia sigue siendo el mismo, un vino tradicional, ideal para carnes a la parrilla o con salsas, legumbres, pizzas y arroces de tierra. Actualmente, se puede encontrar en cualquier supermercado aunque lamentablemente no siempre en buenas condiciones, así que, si pueden, compren el de la añada más joven para no llevarse disgustos desagradables.

Según comenta la ficha de este vino en la web de Torres, su nombre deriva de Baco, también llamado hijo del Toro. No sé si es una estrategia comercial o anti-taurina pero lo cierto es que el toro también aportó su granito de arena al mundo del vino. Se dice que antiguamente los vinos flojitos se potenciaban añadiendo la sangre de este animal como si fuera una morcilla. Por suerte, esta práctica como la de matar al toro en las corridas tienen más de pasado que de presente. Un pasado en el que el toro en una versión más igualada y sangrienta de la corrida era un motivo perenne en las obras artísticas, como en esta del gran Goya.

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Equilibrismo o delirio


Cuando vi la etiqueta de los vinos de Ca N'estruc me acordé de un documental que ganó un Oscar no hace mucho que se titulaba "Man on Wire". El film trataba de un equilibrista (Philippe Petit) que cruzó las torres gemelas de NYC de forma clandestina y para la admiración de todos.

Pensaba yo catando este vino que si los dos podían tener algún tipo de relación precisamente en el equilibrio. Uno siempre piensa en la relación con las otras uvas que componen el vino, pero éste es monovarietal. Así que seguí pensando en equilibrios hasta que me di cuenta de que para ser equilibrista hay que estar desequilibrado. Y, precisamente, ahí estaba la respuesta: este Equilibrista huele más a pinot noir que a garnacha. En esto radica su arte, su atractivo.

Aunque para muchos creerse otro o querer ser admirado es una patología llamada delirio, gracias a personas como Philippe Petit o, porque no, el tinto Equilibrista, pensamos que la grandeza está en hacer cosas fuera de lo común, arriesgadas, a pesar que sea para que los admiremos, pues en cierto modo estos desequilibrados se lo merecen.

Enlace a "Man on Wire"
Enlace a L'Equilibrista

El pícaro de Tormes


La bodega Matsu nos propone una redición del precursor de la picaresca, El Lazarillo de Tormes, esta vez, sin embargo, debidamente despalillado, estrujado y fermentado. Su vino joven llamado “El pícaro” es un vino tan goloso como un vino de misa y tan fresco como un revolcón en un pajar. Aunque esta comparación sea digna de una persecución inquisitorial, prefiero no guardar el anonimato como hizo el autor de El Lazarillo, el cual se atribuye precisamente a un clérigo que no se dio a conocer por las consecuencias que cabía esperar en pleno s. XVI.

En el mismo Lazarillo encontramos curiosos pasajes sobre el vino, como el que con una pajita larga de centeno sorbe vino del jarrón del ciego. Pero lo interesante de la obra no es el vino en sí, sino que abre las puertas al realismo literario después de idealizantes y mojigatas novelas caballerescas, tal y como ha venido sucediendo en el mercado vinícola. Las bodegas Matsu apuestan por vinos reales, ecológicos, sin los aditivos ni los químicos que a modo de efectos o defectos especiales se habían introducido en la botella en desmesura durante las últimas décadas. Buena prueba de las intenciones de la bodega es su etiqueta, con fotos de personas “reales” mirando a los ojos del consumidor.

Si quieren darle de comer a “El pícaro” les recomiendo unas migas, una pizza con algún embutido, pollo o  conejo a l’ast, o, incluso un kebab. Comida pícara y sin complicaciones para el Lázaro tinto.

Enlace a "Matsu"

Somos lo que comemos


"Somos lo que comemos" es una afirmación tan popular que aunque no esté muy fundamentada científicamente, es bastante plausible. En este país, el cerdo es el Rey indiscutible de la mesa y nosotros lo ingerimos de mil formas distintas sin desperdiciar nada. No sé si genéticamente evolucionamos hacia este animal, pero lo que es cierto es que sus células pululan por nuestro aparato digestivo habitualmente y son absorvidas por nuestro organismo.

La cultura tradicional catalana tiene un dicho que asocia el sacrificio del animal con el descorche del primer vino, el vi novell: "per Sant Martí, mata el porc i enceta el vi". Esta fecha corresponde al mes de noviembre, cuando la sangre del cerdo se decanta como el vino nuevo. La fiesta de la matanza se riega de ese color sangre, de cánticos y gritos de dolor, de trabajo en familia para preservar la carne del animal en embutido para los meses de carencias.

Para honrar a tan repudiado animal, los del Celler El Masroig, sacan un vino "novell" conmemorativo delicioso con la tipicidad del Montsant. Un vino que hay que terminar antes de cuaresma pues es cuando su esplendor es capaz de alumbrar con mayor intensidad.

Enlace a "Vi novell"


JTQ + Vins de Taller


The James Taylor Quartet es una banda de jazz-funk británica con mucha historia. Fundada en 1988 por James Taylor, un teclista Hammond, siempre ha tenido un directo extraordinario y unos discos aún mejores. La JTQ se compone de órgano, guitarra, batería y bajo a los que se une una sección de vientos (trompeta y saxo) y vocal femenina en ocasiones. Tienen en su haber los temas de la película Harry el sucio y de la serie Starsky y Hutch, entre muchos otras versiones de los sesenta. En los 90, la banda se decantó por el soul y el acid jazz que estaba de moda en Inglaterra llegando a entrar en las listas de TOPs.
Aunque su música parte del espíritu sesentero con el sonido del órgano Hammond, la banda ha sabido integrar perfectamente los ritmos de jazz más ácidos y las melodías soul más balsámicas, esculpiendo un estilo propio muy marcado y bailable, tanto, que se hace difícil sentarse a escuchar un disco de la JTQ con una copa en la mano.
Sin embargo, antes de ponernos a mover el esqueleto, bien puede ser que descorchemos un vino. Éste tiene que ser dinámico (por el ritmo), con aromas de fruta y especies, pero, al mismo tiempo, tiene que tener un toque de retro, ligeramente resinoso-oléico (por el órgano omnipresente), y también algo de madera, pero no mucho, que le confiera un acento a vainilla (por el estilo aterciopelado). Os voy a proponer un Merlot de l'Empordà, el Geum de Vins de Taller. Cuidado, la JTQ es adictiva!

Enlace a JTQ
Enlace a "Geum"

Las edades de un Rioja


Hay una bodega en la Rioja que es admirable por preservar su patrimonio familiar y enológico, así como también son admirables sus vinos envejecidos, me refiero, lógicamente, a la bodega R. López de Heredia.

Los vinos que salen de este monumento-bodega como el Tondonia o el Cubillo son canosos y albergan mucha historia encerrada en el cristal de la botella. Una historia no sólo de una fruta que se convierte en vino, sino de un lugar, de una cultura, un pueblo dedicado al milagro de la uva. Una historia que leemos en cada agitación de copa, como desenroscando el vino o como si leyéramos los nudos de un árbol en los que cada edad perece tener un aroma.

Los vinos envejecidos siempre hay que desnudarlos en un decantador para no perder detalle de su anatomía. Yo descorché un Cubillo de 2004 y ya en la copa, sin agitar, comenzamos a percibir la piel curtida. En la primera vuelta salió la nuez moscada, la carne y algo de regaliz. Después de unos minutos, en las siguientes agitaciones sale la pintura, notas de cedro, un poco de manteca, más tarde, agitándolo más salió el espárrago, el higo y el membrillo. A cada vuelta, retrocedemos en el tiempo hasta su estado frutal, aunque ya pasificado. El desorche es como el límite de la expansión máxima del universo de un vino y es cuando comienza a contraerse volviendo a sus inicios, a la baya.

Enlace a "Viña Cubillo"

Oxímoron


Un oxímoron es una contradicción conceptual como "hielo abrasador", "un instante eterno" o "es antídoto y veneno". Es una paradoja irresoluble que nos embarca hacia un tercer concepto metafórico, unión de los contrarios.

El Losada es un claro ejemplo del resultado de esta unión antinómica: un vino duramente suave, carnoso y fresco, oscuro y brillante. Sus aromas de ciruelas están presentes tanto en fruta como pasificada y su intensidad de color contrasta con su sedosidad.

El Losada trasciende el oxímoron, es casi como una poesía mística o religiosa. Además, su etiqueta así nos lo sugiere, dos conceptos, paloma y olivo, rojo y negro, animal y planta, juntos para encontrar la paz en el vino.

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Enología postmoderna


Un nombre atípico, una combinación de uvas dispar, una etiqueta desconcertante y un vino de lo más excitante: he aquí un vino postmoderno, el 12 volts.

Las distintas revisiones de “la postmodernidad” la han consagrado como algo negativo, pero en este caso en particular, quisiera convertir en virtud una de las características que la denotan: desacralización y cuestionamiento de los viejos mitos (en este caso del vino) y la creación de nuevos ídolos, y el 12 volts se ha convertido en mi nuevo objeto de culto. En efecto, la etiqueta corrobora el nuevo estado de las cosas, el grafismo, obra del ilustrador Gary Baseman, muestra un texto en el idioma de Marx que cuenta las vicisitudes de la humanidad en la primera mitad de s.xx, como las guerras y las revoluciones, y sobre el texto aparecen muñequitos payaso que recuerdan al "gusiluz": todo un loable descaro, como el mismo vino.

Pero en qué radica exactamente el corrientazo del 12 volts... en su milagroso equilibrio de aromas (cereza-canela-nata), un su tono brillante y en una textura sensual. Un pastische excitante que seguro no va a dejar indiferente a nadie, incluso a los bebedores casposos.


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Wine Records


Yo soy un acérrimo defensor de los maridajes entre vinos y música, ya he hablado de ello en otras entradas de este blog. La música como también el vino son dos desencadenantes infalibles de sensaciones para el ser humano. Los cognitivistas afirman que las sensaciones, a diferencia de las emociones, no pasan por el filtro del pensamiento, que afectan directamente sobre el cuerpo y sus cambios somáticos. En efecto, sin música dudo que pudiéremos vivir, es esencial en nuestras catársis cotidianas y como estimulante o relajante corporal. A mí me viene de familia, entre los que cuento músicos, melómanos y comerciantes de discos. Y es que en mi casa jamás falto la bendición de la música de todo tipo: standards, rock, jazz, bandas sonoras, clásica, etc.

Este Ribera del Duero es un homenaje al disco, al incombustible vinilo que nos ha acompañado desde hace más de cinco décadas y que aún no se ha muerto del todo. Aunque no es un vino complejo, si es muy sabroso y agradable, es como la música: "entra sin darte cuenta". Mientras lo tomaba pensé en el gran arte de las cubiertas de disco, algo ya desprestigiado por el reducido tamaño del CD, y que me recuerda a las etiquetas de vino. Una sola imagen debe de transmitir todas las sensaciones que va a producir el sonido o el líquido en el afortunado consumidor. Entre las cubiertas más memorables de la edad dorada del disco me acordé de la Andy Warhol para la Velvet Underground, todo un clásico, y también me imaginé a Lou Reed tomando una caja de botellas de este vino antes de un concierto. Larga vida al disco!!!


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Un vino marciano



Voy a hablar del Terraprima de forma muy subjetiva, para no perder las buenas costumbres. Yo resido en una zona privilegiada, entre el mar y el parque natural del Garraf. Dicho lugar es un tanto marciano ya que, la gran masa de roca calcárea que se iza justo desde la misma costa, sufre de insolación y sequedad extremas, además de ser castigada por vientos de levante y garbí. Por todo lo dicho, el Garraf es un lugar inhóspito para las plantas, animales y humanos.

Cuando uno se pierde por esta árida montaña tiene la sensación de que está en otro planeta. No obstante, estas condiciones extremas nunca son lo suficientemente duras para la vid ni para plantas aromáticas como el tomillo o el romero. Los de Can Ràfols dels Caus han elaborado, en este lugar, un vino tan marciano como el mismo emplazamiento. Mezcla de franc, garnacha y syrah, el Terraprima es un vino sin parangón. No se parece a nada conocido y tiene un carácter tan singular que podría decirse que no es terráqueo.

El Terraprima es el mismo Garraf. Su aroma me lleva inmediatamente a ese monte, con sus plantas aromáticas, arbustos, flores cimarronas y roca húmeda. Pero saboreándolo, no resulta tan abrupto como su orografía, es duramente aterciopelado. Este vino, es tan especial que la primera vez deberíamos consumirlo como aperitivo, sin mezclarlo con la comida. Ya en una segunda consumición, valdría la pena tomarlo con un xató de la zona o con un plato a base de pato.

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el vino del burro


No es normal que compre un vino por la etiqueta, y mucho menos por su nombre. Sin embargo, Cap de ruc me llamó la atención. Me preguntaba si es posible que alguien llamara a su vino idiota, ya que en catalán eso significa ser un cabeza de burro.

Tengo que admitir que el vino no es para idiotas, sino que puede darse el caso que sea idiota el que no lo compre. A un precio muy económico, este tinto supera con creces las espectativas de lo que denota. Fresco y consitente, este vino es capaz de aguantar todo plato que le den, inlcuso una zanahoria.

Actualmente, los catalanes han elegido a este animal como símbolo de su país. Aunque a muchos les pueda parecer un suicidio identitario, en realidad, no lo es. El burro tiene connotaciones negativas injustas. Se lo ha creido el pariente pobre e idiota del caballo, pero el burro ha sido el animal sin el cual el hombre jamás se hubiera convertido en sedentario. Indispensable en el campo y en el transporte interurbanos de no hace más de cincuenta años en la península ibérica, el burro ha sido un animal insustituible y eficaz. Más longevo, adaptable y resistente que el caballo, el burro también ha tenido su aportación al vino, ha transportado cestas y arrastrado carros en la vendimia durante muchos siglos. Bendito sea el burro.

Enlace a "Cap de ruc"

Carménère, un déjà vu

Muchos europeos desconocen que es un carménère y es lógico. Esta uva se la consideraba exinta desde hace más de cien años, tras la filoxera (un insecto-parásito de la vid que arrasó con el viñedo en Europa en el siglo s.xix). Sin embargo, la carmenère se volvió a encontrar en Chile en los 90, oculto entre merlots.

La familia Torres, con viñedos en todo el mundo y también en Chile, nos trae a Europa un carménère a un precio asequible, el Santa Digna. No es un vino que te deje los ojos en blanco, pero es una forma plausible de introducirse en esta uva sin beberte el salario en una botella.

El carménère es una uva en la que predominan sobretodo aromas balsámicos, es decir como el de las resinas de los árboles como el eucalipto. También se pueden encontrar tonos de regaliz o mirra y la cepa da unos vinos con mucho cuerpo como los de las zonas tarraconienses o murcianas.

Personalmente os recomiendo cuanto antes probar un carménère. Es como tener un déjà vu. Parece que ya lo hayas catado antes pero no eres capaz de asociarlo con nada, pues es, en realidad, otra cosa. Tómalo con quesos o canapés de sabor fuerte, lo resistirá.

Pesquera



Cuando voy por el mundo y alguien me pregunta o me pide que le recomiende un vino español, y esa persona no está muy familiarizada con los vinos como para recomendarle cosas extravagantes, le suelo recomendar un Pesquera, un vino con la uva más utilizada en España, la tempranillo, de una DO histórica, Ribera del Duero, con una botella y etiquetas rústicas y castellanas. Cuando bebo este vino me imagino al Quijote en una posada con su sable pinchando los pellejos llenos de vino y a Sancho tumbado bajo uno de esos chorros bebiendo.

Aunque creo que al vino y a su etiqueta le faltan una renovación, muchos turistas, recién llegados o iniciados encontrarán en el Pesquera la España de siempre, con sus tierras secas, sus pueblos de piedra y las barricas viejas en las entradas de las tabernas. Para mí este vino es demasiado anquilosado, pero sé que muchos siguen y serán siendo fieles a esta España.

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