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El Sangre de Toro


Podríamos decir que el Sangre de Toro es patrimonio nacional por su trayectoria vinícola y comercial. Sin ser uno de esos vinos abrumadores, este producto popular de la bodega Torres se ha ganado la fama y el afecto del consumidor de generación en generación, como si de un cuento o canción folklórica se tratase.

El Sangre de Toro tiene su origen en la década de los 50 en el Penedés. Lógicamente ha ido mutando de etiqueta, composición y denominación pero en esencia sigue siendo el mismo, un vino tradicional, ideal para carnes a la parrilla o con salsas, legumbres, pizzas y arroces de tierra. Actualmente, se puede encontrar en cualquier supermercado aunque lamentablemente no siempre en buenas condiciones, así que, si pueden, compren el de la añada más joven para no llevarse disgustos desagradables.

Según comenta la ficha de este vino en la web de Torres, su nombre deriva de Baco, también llamado hijo del Toro. No sé si es una estrategia comercial o anti-taurina pero lo cierto es que el toro también aportó su granito de arena al mundo del vino. Se dice que antiguamente los vinos flojitos se potenciaban añadiendo la sangre de este animal como si fuera una morcilla. Por suerte, esta práctica como la de matar al toro en las corridas tienen más de pasado que de presente. Un pasado en el que el toro en una versión más igualada y sangrienta de la corrida era un motivo perenne en las obras artísticas, como en esta del gran Goya.

Enlace a "Sangre de Toro"

Equilibrismo o delirio


Cuando vi la etiqueta de los vinos de Ca N'estruc me acordé de un documental que ganó un Oscar no hace mucho que se titulaba "Man on Wire". El film trataba de un equilibrista (Philippe Petit) que cruzó las torres gemelas de NYC de forma clandestina y para la admiración de todos.

Pensaba yo catando este vino que si los dos podían tener algún tipo de relación precisamente en el equilibrio. Uno siempre piensa en la relación con las otras uvas que componen el vino, pero éste es monovarietal. Así que seguí pensando en equilibrios hasta que me di cuenta de que para ser equilibrista hay que estar desequilibrado. Y, precisamente, ahí estaba la respuesta: este Equilibrista huele más a pinot noir que a garnacha. En esto radica su arte, su atractivo.

Aunque para muchos creerse otro o querer ser admirado es una patología llamada delirio, gracias a personas como Philippe Petit o, porque no, el tinto Equilibrista, pensamos que la grandeza está en hacer cosas fuera de lo común, arriesgadas, a pesar que sea para que los admiremos, pues en cierto modo estos desequilibrados se lo merecen.

Enlace a "Man on Wire"
Enlace a L'Equilibrista