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Espumoso rosado


Me gustaría hablar, o más bien elogiar, uno de los vinos más versátiles que conozco. El espumoso/cava/champaña rosado. Es lo que sería un Joker o Comodín en la mesa, cuando la elección de un vino se hace difícil por la variedad de platos de nuestros amigos en un restaurante o, porque, en realidad, no sabemos qué elegir para maridar. El espumoso rosado no es ni tinto, ni blanco, ni tampoco rosado, pues está fermentado dos veces. Tampoco no es un vino dulce ni un vermut, sino todas estas cosas juntas. Un vino de comienzo a fin para todo tipo de comidas, así como también para degustarlo sin ellas, como un momento de relax, para leer, conversar o incluso tomar una copa en un local de moda.

Mi recomendación es que sea muy seco y de la uva Pinot Noir. Aunque hay muchas posibilidades, la Anna de Codorniu, por su relación calidad/precio, es muy interesante. Además, se encuentra en la mayoría de supermercados de la península y en bastantes cartas de restaurante.

Enlace a "Anna"

una cita con la Bertha


En el universo como en el cava hay tantas constelaciones como productores en el Penedés. Casi todos brillan mucho con sus tres estrellas (xarel·lo, parellada, macabeu) pero hay algunos que lo hacen con mayor intensidad, este es el caso del Bertha, un cava que por su relación calidad/precio debiera estar en las cartas estelares (al menos en los restaurantes).

Bajo la luz de las estrellas del final del verano me cito con la Bertha en Barcelona, en un restaurante innovador con unos amig@s. A pesar de tener nombre de obús alemán, la Bertha ha venido con unas burbujas de finas perlas y se ha perfumado de manzana, flores silvestres y un toque de bollería de leche. Estaré con ella toda la velada, de aperitivo hasta el postre, y después... ya veremos qué más, tal vez caiga otra botella.

La Bertha es desenfadada, amable y educada. Uno se puede divertir con ella hasta altas horas de la noche o incluso esperar a que amanezca hablando, riendo, picando unos canapés, escuchando música o haciendo lo que a uno le haga sentir enamorado de la vida.

Llopart



Todos somos animales de costumbres y sé qué vino me van a dar en casa de cada uno. Cuando asistí al aniversario de mi madre esperaba un Juvé y Camps Reserva de la Familia. Desde años siempre fue así y no había motivos para cambiar. Cuando descorcharon un Llopart Integral no supe salir de mi asombro. Vaya, renovarse o morir pensé yo. Al final de la comida se sirvió una tarta Sacher, pero el interior contenía mermelada de frambuesa envés de albaricoque. Más ácida. Fue entonces que pensé que el cava lo iba a tener difícil. Siempre fue difícil para el vino lidiar con el chocolate.

El Llopart lo hubiera preferido para los entrantes, pero no me defraudó en absoluto con la Sachertorte. De burbuja fina, seco pero no como para crear una disonancia insalvable con el postre y con suficiente fruta amarilla en la nariz, salió airoso de la prueba. Voy a repetir la experiencia, seguro.

Enlace a Llopart